Monique

Te observo a través del humo del cigarro. Me deleito en tu respiración calmada y profunda. Parece que abrazaras la almohada y estoy feliz de poder ver tu cara sobre ella. “Cuando me miras”- me dijiste la primera vez que te besé, – “me ves con ojos de alcoba.” En aquella ocasión entendí perfectamente lo que querías decir; ahora mismo te veo con esos mismos ojos. Tu silueta delgada, exquisita, le da una forma invitante a las sábanas.

Recuerdo lo que dijeron mis amigos cuando me vieron contigo. Fueron varias horas de burlas y tonterías. Para ellos, sólo eras una broma, un buen tema de conversación junto a una cerveza. Les confesé a los más cercanos que de verdad me gustabas y que de haberte conocido antes de que te hubieras convertido en lo que eres no te hubiera dejado escapar. Se pusieron serios y no supieron que decirme. Sólo uno de ellos se atrevió a darme un consejo. “Ella no es una mujer para ti. Es mejor que no te metas en problemas”, fueron sus palabras exactas. Su comentario no evitó que dejara de pensar en ti.

Te veía puntualmente cada semana, ¿te acuerdas?, pero me era imposible hablarte de frente. Simplemente, el lugar no era el apropiado. Así que comencé a invitarte fuera de ese círculo que te agobiaba. Fue difícil convencerte, pero después de unas semanas lo logré. Y, contra todos los pronósticos, comenzamos a salir.

Hago una pausa en mis recuerdos para ver cómo te acomodas en la cama. Me acerco para cubrirte la espalda y no dejo de maravillarme ante ti. Me sigue pareciendo increíble que despierte junto a alguien como tú. Sonríes aún dormida y me pregunto por instante qué estarás soñando.

Regreso a la ventana y enciendo otro cigarro. Lo que más me gusta de este vicio es, curiosamente, el sonido del papel y el tabaco quemándose. Me invita a pensar, a pensar en ti y en lo que pasará ahora. Estoy lleno de dudas y de deudas. Pero te tengo a ti. No me importa que mi familia te considere una pecadora, no me interesa que mis amigos crean que estoy loco por estar junto a ti. Que nos condene el mundo a ti y a mí. Nos reíremos de ellos cuando lleguemos a dónde sea que vayamos.

¿Y si no fueras lo que eres, te hubiera querido igual? ¿Si te hubieras dedicado a cualquier otra cosa, habría podido encontrarte? ¿Habríamos coincidido aquí del otro lado del mundo, tan lejos de nuestro querido continente? ¿Fue el hecho de que fueras fruta prohibida lo que más me atrajo de ti?

Veo que te agitas inquieta, ¿estarás pensando en lo mismo que yo? ¿También te atormentan estos pensamientos durante tu sueño? ¿O te preocupa el saber a dónde iremos, cómo saldremos de aquí? No te preocupes, será difícil pero no tendremos que enfrentarlo solos: Nos tenemos el uno al otro, ¿no es así?

Giras hacia mí comenzando a despertar. La luz amarillenta de la lámpara en la calle ilumina por un instante el crucifijo de plata que reposa entre tus pechos. Siempre recordaré la primera vez que lo vi sobre tu hábito, que ahora reposa tirado en el piso, cuando salías de misa.

Posted by dtradd on May 10 2009 in Uncategorized

No Responses to “Monique”

Leave a Reply

Powered by WP Hashcash