Beneath murky waters

A Valdo, por las fotografías y la idea original.

No es común que salga el sol en Manchester. Todos saben que esta ciudad está casi siempre cubierta de nubes. Recuerdo que, cuando niña, me encantaban los días soleados no tanto por la oportunidad de salir a algún parque o a Edale, sino por ver los diferentes matices en los ladrillos de los edificios siempre grises de mi ciudad. Cuando sale el sol, Manchester es una ciudad diferente, todos los edificios se ven realmente hermosos. Desde mi ventana podía ver un lado del Palace y me gustaba imaginarme a la gente que estaría hospedada en ese hotel tan elegante. En esos días le decía a mi madre que alguna vez iba a bajarme de un Jaguar o un Bentley e iba a entrar por la puerta principal, el portero me saludaría con un muy pomposo “Buenos días, señorita Owens” y yo le devolvería una sonrisa al tiempo que él abriría la puerta para dejarme entrar con las bolsas de Channel. Después saldría a caminar por el canal que está enfrente y llegaría a Deansgate, donde tomaría un té con mis amigos. Me preguntaba entonces si ella no estaba invitada al té y yo corría a abrazarla y decirle que sí con un beso.

canal 1

De mi madre heredé los ojos azules y el garbo del cuello y ella decía que mi padre, al que no conocí, me dejó como legado una sonrisa seductora y una estatura superior al promedio. Esas cualidades me llevaron lejos de Manchester en una carrera de modelaje muy satisfactoria. Sin llegar a ser una súper modelo, no acabé siendo un maniquí de ropa interior en un catálogo del Asda. Gané lo suficiente para conocer mundo y no tener que regresar a Manchester a pedirles apoyo a mis padres. Al contrario, cada navidad pude pagarles para que me visitaran en la ciudad en la que me encontraba en ese momento: Praga, París, Roma o cualquier otra.

En todos esos años no regresé a Manchester y creo que no hubiera regresado si no hubieran tenido que desviar mi vuelo hacia acá. Según nos dijeron en el aeropuerto, tendríamos que esperar hasta al día siguiente para continuar nuestro viaje. No llegué al Palace en un Bentley, pero sí en un BMW. Rentado, es cierto, pero un BMW a fin de cuentas. Como en mi sueño infantil, el portero me abrió la puerta y me hospedé en una excelente suite en el mismo lado que veía cuando era niña. Desde ahí pude ver el edificio de departamentos donde crecí y creo que pude identificar la ventana desde donde soñaba hace tantos años. Vi el canal, sucio, pero interesante y me decidí a salir caminar en la luz del atardecer cribada por las eternas nubes mancunianas. Mi taconeo resonó por los ladrillos cubiertos de moho.  Manchester podría ser tan hermosa si se decidieran a revivir sus canales. Ahora mismo sólo son túneles sucios, las tripas de la ciudad. Pero podrían ser tan distintos.

A pesar de que no había nadie caminando a esa hora, nunca tuve miedo. Esta es mi ciudad natal y me siento tranquila en ella. Me parece un buen lugar para descansar, aunque jamás pensé que lo haría en el fango, junto a unas sillas arruinadas y un carrito metálico del Asda. La vida, como siempre, no es muy seria en sus cosas. Me consuela el saber que en este día soleado, los ladrillos del Palace reflejaran sus matices en el agua turbia en la que yazco.

canal 2

Posted by dtradd on Jun 7 2009 in Uncategorized

No Responses to “Beneath murky waters”

Leave a Reply

Powered by WP Hashcash